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Arqueología

El pecio de Uluburun: un ejemplo del comercio en el siglo XIV a.C.

En ocasiones, la arqueología nos brinda hallazgos extraordinarios que ayudan a comprender mejor diversos aspectos de la antigüedad. Tal es el caso del famoso pecio de Uluburun, un barco mercante fatalmente hundido hace más de 3300 años.

El pecio fue descubierto frente a las costas de la Anatolia sudoccidental en 1982 (fig. 01). Se hallaba fragmentado y sus restos se encontraban, principalmente, entre 40 y 60 metros de profundidad. Afortunadamente el pecio no fue expoliado, de modo que entre 1984 a 1994 un equipo dirigido por G. Bass realizó su completa excavación y estudio.

Figura 01: El pecio de Uluburun se halló en la costa turca, cerca de la ciudad de Kas. El barco, posiblemente, realizaba una ruta circular en el Mediterráneo oriental. FUENTE: Raising up Pharaoh.

El barco, construido en madera de cedro, tenía 15 metros de eslora (fig. 02) y una capacidad de carga de 20 toneladas. Entre sus restos se hallaron unas 24 anclas (muchas de lastre), entre 16 y 210 kg de peso. Aunque se desconoce su origen, se especula con que el barco pudiera ser cananeo o incluso con tripulación de diversa procedencia. En todo caso, era un barco de modestas dimensiones y muy probablemente realizaba una navegación de cabotaje por los principales puertos del Mediterráneo oriental. Algunos autores opinan que debió partir de la costa siria, vía Chipre, con destino al Egeo.

Figura 02: Reconstrucción hipotética del pecio de Uluburun. FUENTE: Wikipedia.

El tipo cerámico micénico LH III A2 encontrado en el pecio (el mismo hallado en el nivel de destrucción asociado a la campaña de Mursil II en Mileto) así como un escarabeo de oro a nombre de Neferneferuaton Nefertiti (fig. 03), permiten postular una datación del naufragio en torno a 1310-1320 a.C.

Lo más interesante del pecio de Uluburun es, sin duda, su carga de origen diverso. Este aspecto es tremendamente atractivo, pues sirve para reconocer el impacto de las diversas redes comerciales a gran y pequeña escala, así como las materias primas y objetos manufacturados objeto del comercio internacional. El cargamento principal estaba constituido por 354 lingotes grandes de cobre chipriota (fig. 04) y 121 pequeños, sumando cerca de 10 toneladas. Además, 40 lingotes (más de 1 tm) de estaño bajo en plomo, quizás afgano. De metal, también se hallaron algunos objetos de la tripulación, joyas (fig. 5), así como el mencionado escarabeo de oro egipcio. Otras piezas metálicas de oro y plata fueron empleadas posiblemente para los pagos en las transacciones.

Resulta espectacular haber podido identificar resina de terebinto (una tonelada en 150 ánforas cananeas) (fig. 06) y especias como el azafrán, menta, comino, coriandro, salvia, sésamo… así como almendras, higos, uvas, aceitunas y granadas (estos últimos en ánforas chipriotas). Con ello podrían haber fabricado, posteriormente, aceites perfumados.

Figura 03: En el pecio se halló cerámica micénica y un escarabeo de oro a nombre de la reina Neferneferuaton Nefertiti, la conocida esposa de Akhenaton. FUENTE: Schiff von Uluburun, Wikipedia.

Figura 04: La mitad de la carga del barco quedaba constituida por lingotes de cobre chipriota. FUENTE: Nautical Archaeology at Texas A&M University.

Figura 05: Joyas de oro halladas en el pecio. 

Figura 06: Resina de terebinto contenida en un ánfora cananea del Uluburun.

Doce maderos de ébano, tres huevos de avestruz, un colmillo de elefante y 14 dientes de hipopótamo comerciado desde Egipto pero extraído desde diversos puntos de África, además de 175 piezas de vidrio en bruto originarias de Egipto, Levante y Mesopotamia se añaden al exótico contenido de la mercancía del barco. También llama la atención las 41 cuentas de collar realizadas con ámbar procedente del lejano Báltico o las armas (dagas, espadas, puntas de lanza y flechas), algunas de procedencia europea.

Otros objetos debían ser pertenencia de la propia tripulación, como toda una serie de piezas de bronce (taladro, azuela, hacha, etc.) útiles para un carpintero, o los anzuelos, arpones, plomos y agujas que debían formar parte del equipo de un pescador.

También parece significativo el gran número de pesas de balanza encontradas, correspondientes a sistemas como el sirio y babilónico. Posiblemente, los restos de un díptico hallado en el barco corresponden al libro de cuentas de estos mercaderes (fig. 07). Ello, y los productos de origen egipcio, chipriota, cananeo, micénico, mesopotámico, así como las piezas procedentes de más lejos (como el Báltico, Europa o el África negra) confirman el movimiento de mercaderes a través de redes de intercambio internacionales interconectadas.

Figura 07: Díptico hallado en el pecio de Uluburun. Las partes rehundidas eran rellenadas de cera, de modo que el escriba podía dejar notas y borrarlas. FUENTE:  Nautical Archaeology at Texas A&M University.

Vemos, pues, que el pecio del Uluburun es un bello y excepcional hallazgo que casi nos ofrece la posibilidad de viajar en el tiempo, con una tripulación de hace miles de años.


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