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Copernicus: un escáner a escala planetaria

La observación de la Tierra desde el espacio comenzó a hacerse realidad en 1946, cuando, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, empezaron a lanzarse cohetes V-2 alemanes, capturados por los aliados, con fines pacíficos. Tanto desde la antigua URSS como desde EEUU se llevaron a cabo esos lanzamientos, destinados a explorar la atmósfera superior. Los V-2 alcanzaban altitudes ligeramente superiores a los 100 km y desde allí arriba tomaron las primeras imágenes de la Tierra. Los primeros satélites artificiales llegarían pocos años después –el primero (Sputnik-1) fue puesto en órbita el 4 de octubre de 1957– y desde entonces se han puesto en órbita del orden de 6.000, de los que ahora mismo hay operativos unos 800.

Una de las primeras fotografías de la Tierra desde el espacio, tomada el 24 de octubre de 1946 desde un vuelo suborbital (el vuelo nº 13) de un cohete V-2 lanzado desde la base militar de White Sands (EEUU). La altitud más alta alcanzada por el cohete fue de algo más de 100 km. Fuente: White Sands Missile Range/Applied Physics Laboratory. Crédito: US Army.

Aunque la mayoría de esos ingenios espaciales tienen como principal misión las telecomunicaciones, tampoco faltan los meteorológicos y los de observación terrestre. Estos últimos son cada vez más numerosos y con mejores prestaciones. Gracias a la valiosa información que obtienen con sus sensores, sabemos cada vez más cosas sobre el cambio climático, la contaminación atmosférica, los recursos hídricos o los ecosistemas, entre otros muchos asuntos ligados a la degradación medioambiental que sufre nuestro planeta y que empieza a alcanzar unos niveles preocupantes. Esa información –bien sea en forma de imágenes o de datos numéricos– es cada vez más necesaria. Los ciudadanos del siglo XXI la demandamos. Cuanto más y mejor conozcamos lo que se cuece en el planeta, mayor será nuestra capacidad de adaptación a los cambios que están por llegar, y mejor preparados estaremos para afrontar los inevitables desastres naturales que cada cierto tiempo nos golpean.

Logotipo del Programa Copernicus.

Gracias al ambicioso Programa Copernicus, Europa está tomando la delantera a otras potencias mundiales en el sector espacial, como EEUU. En Copernicus trabajan de forma coordinada los principales centros científicos y tecnológicos europeos, así como numerosas empresas europeas vinculadas al espacio. Organismos como la Agencia Espacial del Espacio (ESA), la Agencia Europa del Medio Ambiente (AEMA), EUMETSAT o el Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo (ECMWF) forman el armazón sobre el que se sustenta el Programa, que saca partido de la amplia experiencia europea en teledetección, y se aprovecha de las numerosas infraestructuras ya existentes.

Son muchas y muy variadas las misiones espaciales que proporcionan datos a Copernicus. Tenemos, por ejemplo, los satélites meteorológicos Meteosat y MetOp, los altimétricos Jason y Cryosat, y otros muchos que cumplen otras funciones igualmente importantes para monitorizar bien nuestro planeta. Pero, sin lugar a dudas, la joya de la corona de Copernicus es la flotilla de satélites Sentinel (Centinela), cuyas cámaras de alta resolución están empezando a proporcionar imágenes de gran calidad de la superficie terrestre, lo que permite hacer un buen seguimiento de cuestiones de máximo interés medioambiental, aparte de proporcionar una gran cantidad de datos que contribuirá a que mejore nuestro conocimiento del planeta.

Representación artística esquemática de los diferentes satélites Sentinel que formarán la flotilla. Crédito: Copernicus.

Estamos ante los nuevos centinelas de la Tierra. Gracias a esta flotilla de satélites de nueva generación dispondremos de un escáner a escala planetaria. Ya se han puesto en órbita los 3 primeros “centinelas” de la flota: los gemelos Sentinel 1A y 1B, y el Sentinel 2A. Ahora, en 2017, está previsto el lanzamiento del siguiente satélite de la serie: el Sentinel 2B, gemelo del 2A. El calendario de lanzamientos está previsto que continúe hasta el año 2030. En todo este tiempo se llegarán a poner en órbita una veintena larga de satélites, lo que conformará una red que, combinada con el resto de satélites ligados a Copernicus, proporcionarán un volumen de información sobre el sistema climático muy superior al que disponemos en la actualidad.

Todos estos datos no sólo irán destinados a los científicos, sino que se ofrecerán en abierto y de forma gratuita a todos los ciudadanos. Esa es la razón de ser de Copernicus. A través de la web del Programa se puede acceder a la mayoría de los productos que se generan con los datos que proporcionan los distintos centinelas. Copernicus se vertebra en 6 áreas principales, cada una de las cuáles atiende un determinado tipo de información. Los Servicios de Copernicus son los siguientes: 1) Zonas de tierra (continentales), 2) Medioambiente marino, 3) Atmósfera (CAMS), 4) Gestión de Emergencias, 5) Cambio Climático (C3S), y 6) Seguridad.

Cronograma con los lanzamientos previstos de los satélites Sentinel. Crédito: Copernicus.

En el ECMWF se gestionan el Servicio de Monitorización de la Atmósfera (CAMS) y el de Cambio Climático (C3S), y el ingeniero español Juan Garcés de Marcilla es su actual Director, siendo el encargado tanto del desarrollo estratégico como de la implementación de ambos Servicios. El superordenador del ECMWF –uno de los más potentes del mundo– permite procesar la gran cantidad de datos que de forma continua van suministrado los satélites. Su labor de centinelas permitirá vigilar los impactos del cambio climático como nunca antes se había hecho hasta ahora. A los científicos que investigan el clima, los datos obtenidos les ayudarán a mejorar las complejas proyecciones climáticas, reduciendo el grado de incertidumbre. A los ciudadanos europeos o de cualquier otro lugar del mundo que accedan a la información, los “ojos” de los Sentinel les ayudarán a tomar conciencia de la vulnerabilidad de nuestro planeta y de los continuos cambios a los que está sometido.


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