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Ciencias Sociales

Mansplaining de libro

El capítulo 5 “La cosa ésa de ser mujer” constituye, sin duda, el texto más comentado del libro «Voluntad: la fuerza heroica que arrastra la vida», de Martín López Corredoira, publicado por la editorial Altera en 2015. Sus fragmentos han transitado las redes sociales generando polémica y estupefacción, sobre todo desde que fueron compartidos por la conocida twittera feminista Carmen González Magdaleno (@MagdalenaProust). La recuperación, en mi opinión destartalada, de tópicos tremendamente machistas en torno a la naturaleza de la mujer y su posición en el plano intelectual bien nos habría de invitar a descartar este texto y centrar nuestro interés en tareas más estimulantes.

Sin embargo, tal y como reflejaba una encuesta encargada por la fundación L’Oréal, el 63% de los españoles consideraba en 2015 que las mujeres no son aptas para la ciencia de alto nivel. Datos de este tipo deben ponernos en alerta y nos obligan, dada la concepción vetusta que mantiene un alto porcentaje de población de nuestro país, a presentar oposición y prestar atención a discursos como el de López Corredoira.

Ya el título debe ponernos sobre aviso “La cosa ésa de ser mujer”: un hombre, una vez más, presenta ante el mundo la naturaleza femenina. El suyo, así lo pretende el autor, no es más que un análisis aséptico de alguien instruido en dar cuenta de los hechos. Apenas 4 líneas después de haber llamado “verduleras de pueblo” a las feministas el autor se sincera:

“No estoy insultando a nadie, sólo me atengo a los hechos observados. No soy un machista, sólo un observador de lo que me rodea, alguien que intenta sacar datos procedentes de observaciones a la luz, tal y como fui adiestrado en mi formación científica”

López Corredoira se erige, pues, como un mero analista de “la cosa ésa de ser mujer”, un mero observador, ataviado con bata blanca, que recogerá cuidadosamente aquello que la mujer muestra en su actuar. No contento con ello, se aventura a afirmar la utilidad que estos apuntes tendrán, incluso, para aquellas mujeres curiosas de conocerse a sí mismas:

“Si el lector de este libro es mujer, saber qué tiene de particular su existencia le resultará de sumo interés”

Existe un término que, tras leer estas líneas, acude rápidamente a la mente de todos aquellos mínimamente familiarizados con la terminología feminista: mansplaining. Este neologismo anglófono, formado por la palabra varón y la palabra explicar, hace referencia a la extendida práctica entre varones de explicar de forma paternalista a las mujeres la realidad de ciertos asuntos. Como indicaría Lily Rothman para la revista The Atlantic, esta práctica se mantiene en los varones incluso cuando la receptora posee un conocimiento mayor sobre el asunto en cuestión. El origen del término es difuso pero muchos apuntan a que nació con el libro de la escritora estadounidense Rebecca Solnit “Los hombres me explican cosas”. El caso de López Corredoira es icónico. Si Rothman y Solnit leyesen el escrito que tratamos, algo que dudo mucho que ocurra, podemos imaginar con facilidad la sonrisa irónica que despertaría en su rostro este enésimo intento de un hombre de explicarles a ellas, y al resto de mujeres, quiénes son realmente.

Bien podríamos detenernos en la soberbia de este gesto, pero querría continuar. Tras haber tomado contacto con la pretensión de análisis de López Corredoira, la analizaré deteniéndome en una de las secciones, quizás la de mayor interés para una plataforma de divulgación científica como conec.es: Mujer e intelecto.

López Corredoira defiende que, si bien la capacidad filosófica de una mujer no debe ser menospreciada, su disposición a enfrentarse a la profundidad de nuestra existencia, a plantearse los eternos “porqués” que han hecho avanzar la ciencia y la filosofía, es menor que la de los hombres. Para él constituye una clara muestra de ello el hecho de que no existan en la historia del pensamiento grandes nombres femeninos. No es excusa, en su opinión, la dificultad añadida de las mujeres para participar del mundo académico o la ocultación de ciertas figuras femeninas en la Historia:

“Mucho ha mandado la mujer a lo largo de la Historia cuando ha querido algo (…) Si pocas o ninguna mujer han llegado a ser grandes en las creaciones del pensamiento, no será por los obstáculos o censuras que se les imponían, sino porque su poder de extorsión lo han empleado en conseguir joyas o bienes antes que en poder saltarse tales obstáculos”

Simone de Beauvoir, Hannah Arendt, María Zambrano, Martha Nussbaum, Margaret Cavendish, Anne Conway, Mary Wollstonecraft o Susanne Katherina Langer son filósofas suficientes, de una larga lista, como para dar muestra del sesgo del pretendido “análisis” de López Corredoira cuando afirma “pocas o ninguna mujer han llegado a ser grandes en las creaciones del pensamiento”. Aquellas que han sobrevivido al largo ejercicio de ocultación de la mujer en la historia del pensamiento dan una muestra clara de que el “sexo débil” no lo es en filosofía, tampoco.

Émilie du Châtelet (1706-1749) fue una célebre matemática y filosofa francesa, traductora de la obra de Newton y una de las mentes más brillantes de su tiempo. En una carta escrita a su amigo Pierre Louis de Maupertuis, la pensadora deplora las dificultades que se le presentan como mujer en su desarrollo intelectual y da muestra de su absoluta disposición a entregarse al estudio y la ciencia:

“Estoy desesperada de mi ignorancia y de todas las cosas que me impiden salir de ella. Si yo fuera hombre estaría en el Mont Valérien con usted y dejaría plantadas todas las inutilidades de la vida”

Marie de Gournay (1565-1645) fue una poeta, filóloga, filósofa y traductora francesa. Se la ha considerado una de las madres del feminismo y su escrito Sobre la igualdad de hombres y mujeres constituye uno de los primeros textos de la Historia del pensamiento en declarar de forma abierta la igualdad de capacidades intelectuales entre ambos géneros. Sufrió constantes ataques por su elección de no casarse y de dedicarse al estudio y la escritura, llegándosele a acusar de practicar brujería y de ejercer la prostitución. Su enfado queda patente en su escrito “Agravio de damas”, donde declara:

“más de uno dice treinta tonterías y todavía triunfa, por su barba o por el orgullo de sus supuestas capacidades”

Quizás estos ejemplos no sean suficientes para cambiar el parecer de Corredoira, o quizás los considere demasiado alejados en el tiempo. Si este es el caso, recomiendo la lectura del blog beingawomaninphilosophy.wordpress.com, abierto por Jennifer Saul, profesora de filosofía de la Universidad de Sheffield. Este espacio recoge un amplio número de experiencias de discriminación sufridas por mujeres dedicadas a la filosofía en los últimos años.

Las mujeres han brillado y siguen brillando en el horizonte intelectual, abriéndose paso en un paradigma que las ha eclipsado y sigue pretendiéndolo. Un mero vistazo a la obra de las mujeres que he citado da buena muestra del potencial de estas sabias y de un ímpetu inquebrantable por dedicarse a la ciencia y a la filosofía. Quizás sea más cómodo limitarse a leer a aquellos hombres que la Historia ya ha fijado como clásicos y no hacer el esfuerzo por desentrañar el verdadero valor de la contribución femenina al mundo del pensamiento. Pero no vistamos de análisis serio un ejercicio de estas características.

López Corredoira cita en su escrito a autores como Nietzsche o Freud, brillantes sin ninguna duda, pero, en mi opinión, muy alejados de ser tomados como referentes actuales en la construcción de un discurso sobre la mujer y su relevancia en la historia. Yo, para terminar mi escrito, me he permitido también la licencia de citar a un hombre brillante. El siguiente fragmento pertenece a Filosofare al femminile, de Umberto Eco:

“Me fui a hojear al menos tres enciclopedias filosóficas y de todos estos nombres (salvo Hipatia) no encontré ningún rastro. No es que no hayan existido mujeres filósofas. Es que los filósofos han preferido olvidarlas, quizás después de haberse apropiado de sus ideas”


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