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Entrevista con Robert Montés Micó


«Conocer el origen del universo tiene tanta relevancia como evitar las enfermedades de la visión humana»

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Atención a los enganchados a WhatsApp. Cuanto más tiempo pasamos realizando tareas en visión próxima como leer, escribir o utilizar dispositivos móviles, la progresión de la miopía aumenta y puede derivar en el desprendimiento de retina, cataratas o ceguera. Este es el punto de partida del proyecto dirigido por Robert Montés Micó (Manuel, Valencia, 1975), catedrático de Óptica, una investigación pionera en aplicar técnicas propias de la astronomía para prevenir la progresión de la miopía, integrada en los prestigiosos proyectos del European Research Council. Su joven grupo de investigación, el GIO, uno de los mejor financiados de la Universitat de València con carácter internacional, ha conseguido más de ocho millones de euros en menos de dos años al participar en proyectos europeos como Ageing Eye y EDEN, dirigidos a mejorar el tratamiento contra el envejecimiento y el ojo seco.


Pregunta. Su equipo es pionero en aplicar la óptica adaptativa, utilizada para mejorar las imágenes del universo, al estudio de la miopía.

Respuesta. Desde hace unos años la óptica adaptativa, que se empleaba en astronomía para ver imágenes del universo en determinados telescopios con mayor resolución, se aplica al estudio del ojo humano para valorar, corregir y aportar mejores soluciones a su calidad visual. Lo que se nos ocurrió fue intentar utilizar este tipo de tecnología para solventar la miopía, el desorden ocular más frecuente en el mundo y que no tiene una solución efectiva más allá de las lentes de contacto, gafas o una cirugía refractiva.

«El aumento de la población miope por el uso de dispositivos móviles va a ser preocupante en las próximas décadas. Cuanto más tiempo pasamos realizando tareas en visión próxima, la progresión de la miopía aumenta».

P. ¿Por qué es tan difícil hallar un remedio efectivo para la miopía?

R. El ojo miope normalmente crece con el paso del tiempo, aumenta su longitud axial, con el riesgo provocar patologías asociadas que empeoren la calidad visual cuando la miopía es considerable como el desprendimiento de retina, una mayor prevalencia de glaucoma, cataratas o ceguera. Dependiendo de la patología, por ejemplo, la degeneración macular asociada a la edad, que es muy general, hay diferentes tipos de tratamiento, financiados sobre todo por la industria porque su interés y su elevado coste, aunque los resultados no son los esperados. Acceder a la retina de un ojo pequeño es todavía muy complicado. Otra investigación en Reino Unido se basa en el implante de chips a nivel retiniano para devolver la visión a pacientes con ceguera. La Universidad de Oxford es pionera en este tipo de implantes que requieren de una financiación considerable que otros países no pueden asumir.

P. Este año inician la fase de experimentación en humanos, al tratarse de pruebas no invasivas. ¿Cuál es el objetivo de su proyecto de investigación sobre la miopía?

R. Con la óptica adaptativa, a diferencia de la convencional, podemos separar las señales que llegan a la retina, por lo que podemos intentar interpretar en la visión próxima qué señales son buenas o malas en función de si permiten ver de forma nítida o si ordenan al cerebro incrementar la longitud axial de la retina con mayor prevalencia de la miopía y los problemas que puedan derivarse. Si podemos discernir cuáles son esas señales perjudiciales, podremos proponer diseños específicos de gafas o lentes de contacto que impidan la progresión de la miopía, aplicándolas en niños, debido al crecimiento y la actividad en visión próxima propia de la etapa escolar. Entre 2015 y 2016 esperamos conseguir resultados y empezar las pruebas de concepto para crear nuevos diseños.

P. ¿La miopía es más general en el mundo desarrollado?

R. Sí, es cierto. Realizamos un estudio de prevalencia con niños en el Sahara, y es del 0,8%, en cambio, en Estados Unidos es cerca del 40% y en Europa del 30%. Hay dos grandes factores que afectan a la miopía. Uno es el genético. Debido a este factor, en los países asiáticos la prevalencia de la miopía alcanza entre el 60 y el 80% de la población. En los países desarrollados crece de forma considerable por el aumento de la actividad en visión próxima, y va a ser muy preocupante en las próximas décadas debido al uso de dispositivos móviles. En Estados Unidos ha aumentado la prevalencia un 10% cada década en los últimos 30 años, cuando la actividad en visión próxima por este tipo de dispositivos apenas existía. Un reciente estudio manifestaba que la corrección y los tratamientos de la miopía cuestan siete billones de dólares al año en Estados Unidos. Se necesitan soluciones para prevenir su aparición y progresión financiando proyectos de investigación. En Europa, con proyectos como el nuestro, esperamos no quedarnos a la cola en la investigación realizada por Estados Unidos y los países asiáticos, porque nos afecta a todos por igual, todos usamos los mismos dispositivos, la raza no tiene nada que ver. De no dedicar financiación, tendremos que importar lo que otros han invertido en investigación.

«La lacra de la universidad española es que cuando un investigador entra en el sistema académico se queda para toda la vida».

P. Otro proyecto que su equipo ha empezado en 2014 es Ageing Eye, al calor del programa Marie Curie Initial Training Networks, que tiene como pilar el estudio de la pérdida de calidad visual ante el envejecimiento de la población.

R. El ojo humano está hecho para funcionar 45 años. A partir de entonces aparece la vista cansada o la presbicia, y eso indica que el ojo ya no es funcional y necesita de ayudas. En busca de una mayor calidad de vida, se pretende crear soluciones para que la pérdida o las alteraciones en la visión de cerca puedan combatirse y devuelvan su funcionalidad visual, transformando un ojo más envejecido en uno más joven. Hay diferentes líneas de investigación, como la creación de prótesis, lentes de contacto o intraoculares con diseños más complejos. En este proyecto formamos un consorcio europeo que dirigimos desde Valencia, integrado por diversas disciplinas, desde la óptica física, la optometría práctica, la medicina, la oftalmología o la ingeniería.

P. Su proyecto cuenta con muchas expectativas por parte de la industria.

R. Es uno de los aspectos más valorados a nivel europeo. Nuestra investigación se dirige a una aplicación relativamente rápida, intentando dar con la solución a un problema en un periodo de tiempo corto, y para trasladarla a la sociedad necesitamos de la industria privada para crear prototipos que lleguen al mercado. Tenemos muy buena relación con industrias de la óptica, la medicina y oftalmología, y están interesados en participar como full partners o asociados. La financiación del programa Marie Curie es la que aportamos todos los ciudadanos de la UE con nuestros impuestos, y cuando en España conseguir financiación es muy complicado, hay que justificar muy bien el dinero que recibe la investigación y tiene que haber un retorno a través de las aplicaciones directas de nuestros proyectos.

P. El carácter de sus investigaciones, dirigido a trasladar técnicas para conocer mejor el universo con el fin de potenciar la calidad de vida de la humanidad, hace recordar el debate científico a la hora de invertir en proyectos. ¿En qué lado de la balanza se situaría, en el del espacio o en el de los humanos?

R. En ambos, aunque depende del investigador al que se le pregunte. Lo que domina en Europa es el groundbreaking, hay que trasladar técnicas que han sido aplicadas de unas áreas para comprobar si mejora el conocimiento en otras con nuevas aplicaciones. A veces hay técnicas que en un área de conocimiento ya no permiten más avances o no consiguen resultados inmediatos, pero llevadas a otro campo pueden ser una revolución. Uno de los proyectos que nos acaban de conceder, del programa Explora, une a dos grupos de investigación totalmente diferentes, el nuestro, de Optometría, y otro de Astronomía dirigido por el Profesor Miguel Ángel Aloy, en el que aplicamos técnicas computacionales de la astronomía para separar señales que llegan a la retina y controlar la progresión de la miopía. Conocer el origen del universo tiene tanta relevancia como evitar que aparezcan determinadas enfermedades de la visión humana.

«Técnicas que no permiten avanzar en un área de conocimiento son una revolución llevadas a otro campo».

P. El equipo que usted lidera, el Grupo de Investigación en Optometría (GIO), es uno de los mejor financiados de la Universitat de València. ¿Cómo ha sido su evolución?

R. Ha sido rápido. Gané en 2006 una plaza de titular, por una habilitación a nivel estatal, en la Universidad Complutense de Madrid, pero antes de tomar posesión pude venir a Valencia como asociado, porque mi interés era volver a mi tierra, ya que parte de mi formación la pasé en Valencia, aunque luego me marché a Manchester para estudiar el máster y el doctorado. Cuando saqué la plaza aquí estaba yo solo, y luego se incorporaron dos investigadores más como profesores. El resto del grupo, integrado por 25 investigadores, son contratos de investigación y becas pre y postdoctorales. Equipos como el nuestro, con dos o tres proyectos en marcha, no tendría que ser excepcional. Las instituciones académicas tienen complicado manejarlo todo, pero hay investigación a la que ayudar para encontrar financiación. La universidad debe invertir más en lo que después se traduce en dos grandes retornos, el académico por la excelencia en mayor actividad investigadora, y el económico por la posibilidad de conseguir financiación en programas internacionales y atraer investigadores y alumnos de fuera.

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P. Es un grupo de investigación muy joven.

R. El mayor soy yo y tengo 39 años. Los más jóvenes, becarios predoctorales, tienen 23 años, con capacidad de movimiento y dinamismo. Quizás por mi formación en otros laboratorios  fuera de España mi filosofía de trabajo es bastante diferente a la habitual aquí. Intento mejorar lo que no encontré cuando estudié. A los estudiantes les obligo que se vayan a otros laboratorios en el extranjero. Hay que moverse, no se puede estar anclado en un solo laboratorio. Más de una tercera parte del tiempo que un becario pasa contratado debe ir al extranjero, porque hay posibilidades de becas y necesita conocer otro tipo de laboratorios, mejores o peores.

P. Por su formación en Manchester, ¿qué potencial destacaría del sistema en Reino Unido?

R. Se potencia mucho la capacidad de un investigador para realizar proyectos y se valora su CV, pero no cuántos años tiene ni “de quién es” o en qué grupo se ha formado, algo que en España pasa mucho. La lacra de la universidad española es que cuando un investigador entra en el sistema académico se queda para toda la vida, funcione o no funcione. Conozco a gente brillante que ha atraído proyectos económicos y se han tenido que marchar de España con sus investigaciones porque sus instituciones no les han ayudado a estabilizarse, al priorizar a personas más antiguas. En el sistema británico no pasa, aunque tenga defectos. Otro aspecto importante es la movilidad. En Reino Unido un profesor puede trasladarse a otra universidad, se realizan “fichajes” en condiciones de laboratorio. En España no existen y eso dificulta mucho el mantenimiento de la excelencia. Desde un punto de vista institucional y competitivo, esta situación no puede ser cuando hay tanta gente brillante en nuestra universidad.


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