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Terapia génica para la ceguera

DANIEL CLOSA – Normalmente no lo pensamos, pero el simple hecho de ver conlleva una complejidad fabulosa. Dentro de la retina tenemos células especializadas en captar la luz y responder enviando señales nerviosas que cuando llegan al cerebro son interpretadas en forma de visión. Todo eso es el resultado de muchas reacciones químicas delicadamente conectadas, de movimientos de iones y de cambios de potencial en las membranas de las células. Y, entre todas estas moléculas, hay una bastante conocida: el retinol.

El retinol es la vitamina A. Y es conocido porque hay mucho en las zanahorias. Por eso de pequeños nos decían que debíamos comer zanahorias porque eran buenas para la vista. El motivo es que el retinol rápidamente se transforma en una molécula muy parecida, el retinal. Y este retinal puede estar en dos posiciones denominadas cis- y trans-. En la práctica quiere decir que la molécula puede tener una forma doblada o alargada. La gracia es que el paso de cis- a trans- tiene lugar por acción de un fotón. Lo primero que pasa cuando un fotón de luz atraviesa la pupila, llega a la retina y entra dentro de las células fotosensibles es que se encuentra con el retinal y lo modifica: lo pasa de cis- a trans-.

Normalmente el cis-retinal está colocado dentro de una proteína bastante grande llamada rodopsina. Pero cuando cambia de forma, deja de encajar correctamente dentro de la rodopsina y se mueve de lugar. Cuando eso pasa, la rodopsina empieza una cascada de reacciones que acabarán con una señal en una neurona y con la percepción de la luz en nuestro cerebro. Pero, mientras tanto, hay otra vía metabólica encargada de hacer volver a su forma original a nuestro amigo retinal: media docena de reacciones químicas que hacen que de nuevo adopte la forma cis-. De esta manera ya se puede volver a colocar dentro de la rodopsina y así, cuando llegue otro fotón, el mecanismo de la visión podrá iniciarse de nuevo.

Entre las enzimas encargadas de hacer volver a la forma original el retinol hay una proteína llamada RPE65 (por las siglas en inglés de Retinal Pigment Epithelium-specific 65 kDa protein). Lo que pasa es que si esta proteína no funciona correctamente, el retinal no se rehace y la célula de la retina se queda sin poder volver a la posición de inicio para seguir detectando la luz. Entonces aparece un tipo de ceguera progresiva llamada amaurosis congénita de Leber.

Esta enfermedad ha sido una de las primeras que se han podido tratar con una aplicación de terapia génica. Era una buena candidata, ya que dependía de un único gen que estaba situado en un sitio muy concreto. Es más fácil actuar sobre la retina que sobre todo el organismo.

Lo que hicieron los investigadores fue introducir el gen correcto de la RPE65 dentro de un virus. Un virus que, en principio, es inofensivo pero que permite introducir material genético dentro de las células que infecta. Entonces inyectaron el virus portador del gen correcto dentro de la retina de un grupo de voluntarios afectados por esta ceguera esperando que infectara las células de la retina y en algunos casos el gen correcto se insertara dentro del ADN del paciente de manera que empezara a fabricar la proteína correcta.

Y funcionó. Seis de los doce pacientes recuperaron la funcionalidad de RPE65. Las células del ojo pudieron volver a rehacer el cis-retinal y el ciclo de la visión funcionó. Cuando analizaron la actividad de su cerebro, se vio que las áreas de la visión se ponían en funcionamiento y, en la práctica, ya podían empezar a distinguir formas, a esquivar obstáculos, a identificar caras e incluso a leer algunas letras, siempre que fueran muy grandes y bien contrastadas.

Hicieron el experimento primero en un ojo y ya constataron que la cosa iba bien. Sobre todo observaron que, de entrada, no dañaba nada, que es una de las preocupaciones principales en los estudios de terapia génica. Meses después lo repitieron en el segundo ojo. Eso era más inquietante porque existía el peligro de que el primer tratamiento actuara como una vacuna y el cuerpo rechazara la segunda administración. Pero las cosas, de nuevo, salieron bien y la visión también se recuperó en el otro ojo. La estimulación de las zonas de la visión en el cerebro también mejoró, más aún que la primera vez, seguramente porque con los dos ojos funcionando ya se puede procesar visión en tres dimensiones.

Un resultado muy esperanzador, aunque hay que tener presente que ahora toca esperar algunos años para estar seguros de que no hay efectos secundarios como resultado del tratamiento, que no aparecen cánceres, que la mejora es estable y mil variables más que se tienen que controlar.

Enlaces de interés

  • http://www.scientificamerican.com/article.cfm?id=gene-therapy-blindness&WT.mc_id=SA_DD_20120209
  • http://www.scientificamerican.com/article.cfm?id=ocular-gene-therapy-treatment
  • http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/09/Visual_cycle_v2.png
  • http://www.retina.es/component/content/article/966-noticias-boletin/491-terapia-genica-para-la-amaurosis-congenita-de-leber-causado-por-mutaciones-rpe65.html 

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