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Arqueología, Mundo

Ballenas en el desierto

El desierto egipcio puede depararnos múltiples sorpresas. ¿Quién podría esperar hallar ballenas, tortugas o peces sierra en el desierto? ¿Quién podría imaginar hallar troncos en medio de la arena? Pues aunque parezca mentira, sí es posible, aunque tienen millones de años…

La región del Fayum, al SO de El Cairo.

La región del Fayum, al SO de El Cairo.

A menos de 100 km. al SO de El Cairo, encontramos la depresión de el-Fayum, cuyo punto más bajo corresponde al Lago Qarun, el cual se nutre de agua gracias a un ramal del Nilo conocido como Bahr Yusuf. El potencial agrícola de el-Fayum ha sido explotado desde época faraónica, por lo que también es un lugar en el que podemos hallar ciudades antiguas, como Soknopaiou Nesos (Dimeh), fundada al norte del lago en época ptolemaica; o, aún más al norte, templos como el de Qasr es-Sagha, de hace cuatro milenios.

Restos de troncos fósiles al norte de Qasr es-Sagha.

Restos de troncos fósiles al norte de Qasr es-Sagha.

Pero más allá de su importancia arqueológica, la región es muy interesante por su geología y restos fósiles. Así, muy pocos kilómetros al norte de Qasr es-Sagha, en plena zona desértica, encontramos troncos fosilizados de gran tamaño, en un área conocida como el bosque petrificado. Las formaciones visibles corresponden al Eoceno-Oligoceno, hace unos 34 millones de años, cuando la zona estaba cubierta por un denso bosque, cercano al mar y a la desembocadura del Paleonilo. Podemos encontrar troncos fósiles de más de 30 m. de longitud, y en algunos casos conservan tal grado de detalles que es posible ver la rugosidad de la antigua corteza o incluso los anillos de crecimiento. Donde ahora vemos desierto había entonces una variada fauna, en la que podemos destacar el Arsinoitherium, cuyo aspecto era similar al de un rinoceronte.

Arsinoitherium procedente de el-Fayum, conservado en el Museo de Historia Natural de Londres.

Arsinoitherium procedente de el-Fayum, conservado en el Museo de Historia Natural de Londres.

Desplacémonos ahora hacia Gebel al-Mudawara, 55 km. al SO del bosque petrificado. La zona, aunque sigue siendo desértica, ha cambiado su aspecto a causa de la creación de los dos lagos artificiales de Wadi el-Rayan. Cuando uno camina por los alrededores de Gebel al-Mudawara lo hace por encima de un manto de foraminígeros fósiles planos y circulares, con aspecto de moneda. Por esa razón se les llama nummulites (del latín nummulus, moneda). Pertenecen al Eoceno, hace unos 40 millones de años, cuando el lugar estaba cubierto por el mar de Tethys. Aquí encontramos en 2010 un pequeño diente de megalodón, un enorme tiburón que podía alcanzar los 20 metros de longitud y que, comparado con el gran tiburón blanco actual, hacía de éste un juguete. El megalodón es una especie extinguida hace solo 10.000 años, pero que comenzó su desarrollo desde finales del Oligoceno.

Nummulites de Gebel al-Mudawara.

Nummulites de Gebel al-Mudawara.

Pequeño diente de megalodón hallado en Gebel al-Mudawara.

Pequeño diente de megalodón hallado en Gebel al-Mudawara.

Paisaje de Wadi el-Hitan, el Valle de las Ballenas.

Paisaje de Wadi el-Hitan, el Valle de las Ballenas.

Nuestra última parada en este curioso viaje en el tiempo que nos ofrece el desierto egipcio cercano a el-Fayum, es Wadi el-Hitan (valle de las Ballenas), a sólo 34 km. al Oeste de Gebel al-Mudawara. Desde 2005 la zona fue nombrada Patrimonio Natural de la Humanidad, convirtiéndose en un auténtico museo al aire libre en el que se pueden contar más de 400 ejemplares de basilosaurus, el antecedente de la ballena moderna. Por desgracia, el sitio está sufriendo un rápido deterioro, a causa no sólo de desaprensivos sino también de la acción erosiva contra los fósiles expuestos en la superficie. Sólo en los pocos años que pasaron desde mi primera a mi última visita al lugar he podido comprobarlo.

Restos fósiles de un dorudón en Wadi el-Hitan.

Restos fósiles de un dorudón en Wadi el-Hitan.

Uno de los primeros fósiles de relieve con el que nos topamos al entrar en el Wadi el-Hitan, es el de un dorudón, un pequeño cetáceo primitivo que alcanzaba los 5 metros de longitud. Estos estaban a medio camino entre sus antepasados terrestres y los cetáceos actuales, si bien eran totalmente acuáticos. Se extinguieron hace unos 34 millones de años durante el fenómeno conocido como Gran ruptura de Stehlin, que marca el cambio del Eoceno al Oligoceno, coincidiendo con extinciones masivas.

Vértebras de un basilosauro en Wadi el-Hitan.

Vértebras de un basilosauro en Wadi el-Hitan.

Otro cetáceo de enormes dimensiones y bien representado en la zona, es el basilosauro, que llegaba a los 20 metros de longitud. Éste no tenía barbas, como los actuales, sino una mandíbula, bien desarrollada, compuesta por 44 dientes, cónicos los delanteros y puntiagudos los posteriores, de modo que así podía atrapar y desgarrar a sus presas. Por otro lado, aunque tiene aletas delanteras aún conserva patas traseras de tres dedos, un recuerdo de sus antepasados terrestres. Como el dorudón, el basilosauro también se extinguió hace 34 millones de años. El Valle de las Ballenas, además, nos muestra toda una variedad de fósiles que nos sirven para reconocer la vida marina próxima a la costa egipcia de hace más de treinta millones de años.

Parte de la mandíbula dentada de un basilosauro en Wadi el-Hitan.

Parte de la mandíbula dentada de un basilosauro en Wadi el-Hitan.

El desierto nos ha enseñado, pues, una imagen de una época remota en la que el paisaje y la fauna eran totalmente distintos. Un lugar que, por su historia geológica, paleontológica y arqueológica, deberíamos conservar y proteger.

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2 Responses to Ballenas en el desierto

  1. Javier 11 julio, 2013 at 8:26 #

    Muy buena e interesante y asombrosa información.

  2. Isaac 22 agosto, 2013 at 12:38 #

    Feliçitats per la tasca realitzada que no es mereïx menys.

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