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Un calendario perpetuo para un mundo global

Reloj mundial en la Alexander Place de Berlín


MALEN RUíZ DE ELVIRA
–  Si Navidad cae en jueves un año, es imposible evitar el puente que tanto preocupa ahora mismo en España a los encargados de organizar la actividad laboral, y lo mismo sucede en otras fechas tradicionales a las que la sociedad no parece estar dispuesta a renunciar. La tradición es la clave de todo, pero ¿y si lo que cambiara fuera el calendario, que se remonta a los romanos, y dejáramos atrás tanto engorro en pro de una medida del tiempo más adecuada a la globalización? Es lo que plantean un astrofísico y un economista estadounidenses que han creado un nuevo calendario en el que cada periodo es idéntico al del año anterior.

Richard Conn Henry

Según el nuevo cómputo, si se hubiera aplicado ya este año, Navidad siempre caería en domingo. Además, septiembre tendría 31 días (en vez de los 30 actuales) lo mismo que marzo, junio y diciembre. Los demás meses tendrían 30 días. “Nuestro plan ofrece un calendario estable que permite la planificación racional y permanente de todas las actividades anuales, desde las escolares a las vacaciones laborales”, señala  Richard Conn Henry, astrofísico.

Steve H. Hanke

Pero las consecuencias van más allá de los efectos prácticos. Sería mucho mayor la influencia sobre la economía, como explica el economista Steve H. Hanke: “Nuestro calendario simplificaría los cálculos financieros y eliminaría la obligatoria cuenta de los días transcurridos en productos como las hipotecas, los bonos y tantos otros elementos financieros. El calendario actual, de base religiosa, tiene muchas anomalías que han llevado a establecer una gran variedad de convenciones para tratar de simplificar el cálculo de los intereses. Nuestra propuesta tiene un patrón trimestral de 91 días que hace innecesarias las convenciones artificiales”.

La propuesta para que cada fecha caiga siempre el mismo día de la semana simplificaría la actividad económica y los cálculos financieros.

El calendario actual es el gregoriano, resultado de la modificación del de Julio Cesar realizada en 1582 por el papa Gregorio. Ese año del 4 de octubre se pasó al 15 de octubre. El año terrestre es de 365,2422 días y la propuesta de Henry y Hanke, con su simplicidad, que no varía la duración de la semana, tan ligada a la tradición religiosa, tiene que sumar los días de sobra que se acumulan y lo hace con una semana extra (un minimés) cada cinco o seis años a final de diciembre.

Ellos explican que un colega les ha dado la clave para saber cuáles serían los años con el minimés extra. Si el año gregoriano correspondiente empieza en jueves o finaliza en jueves, ese año lo tiene. El año gregoriano seguiría existiendo, como referencia para este ajuste y también para aplicaciones muy concretas como las agrícolas.

Los días de sobra se acumularían en una semana cada cinco o seis años.

Además, los dos expertos abogan, en un artículo que publican en la revista “Globe Asia”,  por que se utilice en el mundo entero solo el tiempo universal (el del meridiano de Greenwich) para simplificar las relaciones de todo tipo en un planeta globalizado. Una medida bastante provocadora: fuera los husos horarios (recordad que Rusia acaba de abolir dos de los 11 que tenía) y fuera los horarios de verano. Una medida del tiempo única para un único mundo. Claro que con la religión hemos topado. Celebraciones ligadas al ciclo lunar, como la Semana Santa cristiana, seguirían constituyendo una pequeña anomalía, fácilmente subsanable si hay acuerdo.

 

Zonas horarias actuales (30-12-2011). Imagen: Wikipedia


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